Epicentro
Hay gobiernos que administran para llegar a fin de mes y hay gobiernos que administran para llegar más lejos.
La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Porque cuando un gobierno pasa buena parte de su tiempo buscando cómo tapar un hoyo financiero, difícilmente puede concentrarse en construir el camino que sigue. Y durante mucho tiempo, Colima tuvo que lidiar precisamente con esa lógica: resolver lo urgente y dejar para después lo importante.
Hoy algo está cambiando.
La mejora en las finanzas públicas del Estado y el reconocimiento de las agencias calificadoras no deberían verse únicamente como una buena noticia para los economistas o para quienes entienden de deuda, tasas y mercados.
En pocas palabras: Colima está ordenando la casa.
Y cuando una casa está ordenada, se puede pensar en ampliarla.
Ese es, quizá, el verdadero significado de los datos presentados por la gobernadora Indira Vizcaíno Silva en sus recientes Diálogos por la Transformación.
HR Ratings modificó de estable a positiva la perspectiva crediticia de Colima, mientras que los indicadores financieros muestran una evolución favorable. La deuda directa ajustada pasó de 11.2 a 7.8 por ciento y la deuda neta ajustada disminuyó de 45.2 a 33 por ciento.
Puede parecer un asunto de especialistas, pero vamos a ponerlo en cristiano.
Si una familia gana 10 mil pesos al mes y debe utilizar 7 mil para pagar deudas anteriores, tiene muy poco margen para hacer algo distinto. Pero si consigue reducir esos compromisos, esos mismos ingresos comienzan a rendir de otra manera.
No necesariamente entró más dinero a la casa; simplemente dejó de escaparse por tantos compromisos.
Eso también aplica a las finanzas públicas.
Y aquí aparece uno de los datos que más llaman la atención: para este 2026 no se prevé contratar un préstamo de corto plazo.
Esto importa porque pedir prestado para resolver una emergencia puede ser una herramienta útil. Convertir el préstamo en costumbre, en cambio, puede convertirse en una bola de nieve.
Es como pagar una tarjeta de crédito con otra.
El problema no desaparece; solamente cambia de bolsillo.
La apuesta del gobierno de Indira Vizcaíno es diferente: reducir esa dependencia, fortalecer las finanzas y recuperar margen de maniobra.
Y eso es política pública.
No se trata solamente de gastar menos. Se trata de administrar mejor para poder decidir mejor.
Porque un gobierno con menos presiones financieras tiene mayor capacidad para planear, priorizar y eventualmente invertir.
Y aquí está la parte que realmente nos debe interesar a los colimenses.
¿Para qué queremos unas finanzas sanas?
La respuesta no puede ser simplemente: para presumir una buena calificación.
La respuesta tiene que ser: para hacer más.
Para invertir.
Para generar infraestructura.
Para impulsar proyectos.
Para atraer empresas.
Para crear empleos.
Para fortalecer la economía de los municipios.
En otras palabras, las finanzas sanas no son la meta. Son el boleto de entrada para jugar en otra liga.
Y en esa otra liga aparece otro nombre importante: Francisco Rodríguez García, secretario de Desarrollo Económico.
Porque una cosa es poner las cuentas en orden y otra, igual de importante, es conseguir que la economía se mueva.
Y los datos presentados por Rodríguez son relevantes.
Colima ocupó el primer lugar nacional en crecimiento de la actividad económica en el trimestre referido, con una tasa de 3 por ciento. Además, en comparación con el mismo trimestre del año anterior, la entidad registró un crecimiento de 3.8 por ciento.
Ahora bien, ¿qué significa eso para una persona que no vive de las estadísticas?
Significa que hay más movimiento.
Una empresa que vende más puede contratar.
Un restaurante que tiene más clientes compra más productos.
Un productor que coloca más mercancía necesita transporte.
Un negocio que crece puede abrir una segunda sucursal.
Y una persona que consigue empleo tiene algo que antes no tenía: la posibilidad de cambiar su realidad y la de su familia.
Así funciona la economía.
El dinero no se queda quieto; da vueltas.
Cuando la economía funciona, una inversión genera empleo; el empleo genera consumo; el consumo genera ventas; las ventas generan producción y esa producción puede atraer nuevas inversiones.
Es una cadena.
Y si un eslabón falla, se frena todo.
Por eso es importante que Colima combine dos cosas que durante mucho tiempo parecían caminar por separado: orden financiero y crecimiento económico.
Indira Vizcaíno tiene en sus manos la responsabilidad de mantener esa disciplina financiera. Francisco Rodríguez, desde Desarrollo Económico, tiene el reto de aprovechar el momento para atraer inversión y convertir los buenos indicadores en actividad productiva.
Y aquí está la oportunidad.
Colima tiene con qué.
Tenemos uno de los puertos más importantes del país en Manzanillo, una ubicación estratégica, actividad turística, producción agropecuaria, comercio y una posición geográfica que puede convertirse en una ventaja competitiva.
Pero tener las cartas no significa automáticamente ganar la partida.
Hay que saber jugarlas.
Y eso requiere política pública, promoción económica, infraestructura, seguridad, certeza jurídica, simplificación administrativa y coordinación entre gobierno y sector privado.
Si todas esas piezas comienzan a encajar, la mejora financiera puede convertirse en algo mucho más importante que una cifra en un reporte.
Puede convertirse en inversión.
Y la inversión es la que termina tocando la puerta de las familias.
Porque una calificadora puede decir que Colima mejoró.
Pero una empresa que decide instalarse aquí puede decirlo de otra manera: “Aquí sí vale la pena invertir”.
Y esa es una diferencia enorme.
Por eso tampoco sería correcto echar las campanas al vuelo y pensar que todos los problemas económicos están resueltos.
No.
Todavía hay retos.
Todavía hay sectores que necesitan crecer.
Todavía hay municipios que requieren mayor actividad económica.
Todavía hay jóvenes que necesitan oportunidades.
Y todavía hay empresas que necesitan condiciones para desarrollarse.
Pero una cosa es enfrentar esos problemas con las manos atadas y otra muy distinta hacerlo con mejores condiciones financieras.
Primero hay que dejar de remar contra corriente. Después podemos pensar en acelerar.
Eso es lo que vuelve relevantes los números actuales.
La mejora de las calificaciones, la reducción de los indicadores de deuda, la menor dependencia de créditos de corto plazo y el crecimiento de la actividad económica no son hechos aislados.
Son piezas de un mismo rompecabezas.
La gran pregunta será si esas piezas logran convertirse en una estrategia de largo plazo.
Porque Colima no necesita únicamente buenos números.
Necesita que los buenos números se conviertan en buenas noticias para la gente.
Que haya más inversión.
Más empleos.
Más empresas.
Más infraestructura.
Más oportunidades.
Ahí estará la verdadera prueba.
Porque una administración pública puede presumir una cifra durante una conferencia, pero la ciudadanía evalúa los resultados de otra manera.
Los mide cuando encuentra empleo.
Cuando abre un negocio y puede mantenerlo.
Cuando llega inversión a su municipio.
Cuando hay mejores servicios.
Cuando el crecimiento se siente en el bolsillo.
Y esa debe ser la brújula.
La administración de Indira Vizcaíno tiene hoy una oportunidad importante: consolidar el orden financiero y utilizarlo como plataforma para una etapa de mayor inversión y crecimiento.
El trabajo de Francisco Rodríguez será igualmente determinante para que esa estabilidad encuentre caminos hacia la economía real.
Porque al final, de poco sirve tener una casa ordenada si nunca pensamos en ampliarla.
Primero se arreglan las cuentas. Después se construye.
Y Colima parece estar justamente en ese punto.
No significa que ya llegamos.
Significa que, por primera vez en mucho tiempo, hay mejores condiciones para decidir hacia dónde queremos ir.
Y esa posibilidad, en política y en economía, vale mucho.
Porque cuando un gobierno deja de vivir al día, puede empezar a pensar en el mañana.
Y cuando además la economía crece, entonces el mañana deja de ser solamente una promesa.
Puede comenzar a convertirse en inversión, empleo y bienestar.
Ese será el verdadero desafío.
Y también, la verdadera oportunidad para Colima.

