De todo un poco Por Francisco Espíritu Gómez

 

ORDENAMIENTO
FINANCIERO

Hay indicadores económicos que, más allá de las cifras, permiten medir el rumbo que lleva una administración pública. La combinación de finanzas ordenadas, una mejor calificación crediticia y un crecimiento sostenido de la actividad económica es, sin duda, una de las señales más claras de que un estado está avanzando hacia una mayor estabilidad y capacidad de desarrollo.
Colima parece estar transitando precisamente por esa ruta. Después de más de una década sin alcanzar niveles de calificación crediticia como los obtenidos recientemente, las evaluaciones de Fitch Ratings y HR Ratings representan un reconocimiento al proceso de saneamiento de las finanzas estatales y al manejo más responsable de los recursos públicos.
Pero lo verdaderamente relevante es que este fortalecimiento financiero comienza a coincidir con un mejor desempeño de la economía. Los datos más recientes del INEGI colocan a Colima en el primer lugar nacional en crecimiento trimestral durante 2026, con una variación de 3 por ciento, mientras que en la comparación anual registró un avance de 3.8 por ciento, por encima de entidades como Michoacán y Baja California Sur y del resto de los estados de la región.
Es precisamente en esta coincidencia donde puede hablarse de un círculo virtuoso. Un estado con mejores finanzas tiene mayores posibilidades de acceder a financiamiento en condiciones favorables; al mismo tiempo, una economía que crece genera más actividad productiva, empleo, consumo y recaudación. Todo ello amplía el margen de maniobra del gobierno para invertir en infraestructura, servicios públicos y programas que atiendan las necesidades de la población.
La administración encabezada por Indira Vizcaíno Silva apostó desde el inicio por enfrentar el complicado escenario financiero que recibió y emprender un proceso de reingeniería y saneamiento. La recuperación de las calificaciones crediticias es uno de los resultados más visibles de ese esfuerzo, pues una menor percepción de riesgo permite mejores condiciones de financiamiento y abre la posibilidad de canalizar mayores recursos hacia la inversión pública.
Y aquí aparece otro elemento fundamental: la confianza. Cuando las finanzas públicas muestran estabilidad y la economía mantiene una trayectoria favorable, también se generan mejores condiciones para atraer capital privado y nuevos proyectos productivos.
Sectores estratégicos para Colima, como la minería, la generación de energía y la actividad portuaria, pueden encontrar un entorno más propicio para expandirse, mientras que la inversión extranjera directa registró 82.2 millones de dólares durante el primer trimestre de 2026. En el mismo periodo, las exportaciones alcanzaron 667.88 millones de dólares.
El impacto de este comportamiento económico también debe observarse desde la perspectiva de las familias. Una economía dinámica requiere trabajadores y genera oportunidades para ampliar el empleo formal. En este renglón, Colima presenta una tasa de ocupación de 98.5%, otro indicador que ayuda a dimensionar la fortaleza que está adquiriendo el mercado laboral.
Porque al final, los grandes indicadores económicos tienen que traducirse en beneficios concretos para la sociedad. Más empleo significa mayores ingresos para los hogares; mayores ingresos fortalecen el consumo y benefician al comercio; una mayor actividad comercial genera más recaudación y, con ello, el gobierno obtiene recursos propios que pueden volver a convertirse en inversión.
Ese es, justamente, el verdadero valor de un círculo virtuoso: que las finanzas públicas sanas no se queden en los informes de las calificadoras, sino que terminen convirtiéndose en más infraestructura, mejores servicios, oportunidades de inversión, empleos y mejores condiciones de vida para las familias colimenses. Es cuanto.

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