Nadie se queda fuera

Todas y todos nos beneficiamos del sistema de becas más grande de México, aunque no seamos becarios. Hace poco lo volví a comprobar.

 

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El otro día escuché: “sé que no soy candidata a una Beca Bienestar, pero me alegra vivir en un país que apoya a sus estudiantes”. Esa frase me hizo ver con ojos renovados el trabajo que se lleva a cabo en la institución.

 

¿Por qué digo esto si las becas son solo para las y los estudiantes? Aquí va un dato que me parece bastante significativo y que ayuda a responder esta interrogante.

 

El Banco Mundial señala que la educación es “la vía más segura para salir de la pobreza” y documenta que cada año adicional de escolaridad contribuye a fortalecer las instituciones y la cohesión social.

 

Es decir, cuando más personas estudian durante más años, no solo mejora su vida, sino que más gente entiende cómo funcionan sus derechos, participa, confía en las reglas, resuelve conflictos sin necesidad de violencia y sostiene comunidades más estables.

 

¿Qué significa esto? Que la beca de un joven que quizás nunca vamos a conocer está consolidando, silenciosamente, el lugar en donde vivimos. Todas y todos estamos dentro de lo que las becas construyen, aunque nunca hayamos recibido una.

 

Quizás ahora se pueda entender mejor por qué se invierte tanto en educación y por qué se le ha dado tanto impulso a Becas Bienestar, sobre todo desde hace dos años que la presidenta Claudia Sheinbaum tomó el rumbo del país.

 

A finales de 2024 se atendía a poco más de siete millones de beneficiarios. Hoy son cerca de veinte millones. Antes había tres becas; ahora son cinco y la apuesta es seguir ampliando la cobertura para que nadie se quede atrás.

 

Las becas crecieron hacia afuera y se mejoraron hacia adentro. Hoy es la propia institución la que se encarga de entregar las tarjetas en las que se depositan los apoyos y se ha logrado establecer controles cada vez más sofisticados para cuidar cada peso como si fuera propio, porque ese dinero es de todas y todos los mexicanos.

 

El acercamiento con las personas también cambió. Hoy nos conocen porque vamos a las escuelas con las asambleas y porque mantenemos una comunicación constante con las y los servidores de la educación, que son quienes mejor conocen cada estado y cada municipio. A través de su palabra, Becas Bienestar explica, acompaña y resuelve dudas.

 

Ahora somos un gran equipo que tiene presente lo que su esfuerzo representa para el país.

 

Y es que cuando una o un estudiante se queda en la escuela gracias a un apoyo, tiene más probabilidades de encontrar un buen trabajo, va a ganar mejor, va a contribuir con sus impuestos, va a criar a su familia inculcándole la importancia de estudiar.

 

Esa suma, sostenida durante años, es lo que termina moviendo la aguja de un país entero; no es una mejora aislada, sino una base económica y social distinta.

 

Cuando millones de familias empiezan a dar por hecho que estudiar es el camino, la nación deja de depender de que unos cuantos salgan adelante por golpe de suerte o por privilegio y empieza a construir algo más parecido a un piso común; gente mejor preparada sosteniendo con su trabajo y sus decisiones a las y los demás.

 

Así es como, sin saberlo, las y los mexicanos que ya están y los que van naciendo, también se benefician de las becas.

 

Si alguna vez alguien les dice que esto no les toca, díganles que sí les toca, aunque nunca hayan llenado una solicitud, porque el país que estamos construyendo también es el suyo.

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