Baños de Chapultepec, las albercas de aguas curativas del siglo XIX que alimentaron la leyenda de los “Baños de Moctezuma”

Diversas fuentes históricas narran la existencia de unos afamados baños de aguas curativas asentados en el Bosque de Chapultepec hacia el siglo XIX, visitados por la elite de la época. En 2018, un equipo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) descubrió, a la altura de la calzada Gandhi, los vestigios de tres estanques lúdico-curativos.

 

En el marco del VII Coloquio de Arqueología Histórica, realizado del 4 al 8 de septiembre, en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, la investigadora del INAH, María de Lourdes López Camacho, dictó una conferencia en la que se afirma, luego de cinco años de estudios en documentos históricos, que los vestigios hallados en 2018 corresponden a la Casa Baños de Chapultepec, un conjunto histórico que alimentó la leyenda de los “Baños de Moctezuma”, al situarse frente a un contenedor de agua prehispánico.

 

La arqueóloga narró cómo se originó la leyenda de los “Baños de Moctezuma”: “Equívocamente, a los ‘Baños de Moctezuma’ se les ha atribuido ser el lugar del hallazgo de algunas piezas arqueológicas, pero en realidad es en otro sitio, ubicado al pie del cerro de Chapultepec, que las fuentes históricas llaman Alberca de Moctezuma, donde se descubrió el famoso chapulín de carneolita rojo”.

 

López Camacho dijo que para finales del periodo Posclásico (1200-1521) y durante el virreinato, el manantial más importante del cerro de Chapultepec fue el que nacía a un costado de la “Alberca de Moctezuma”, el cual repartía el agua hacia Tenochtitlan y también mandaba agua al contenedor “Baños de Moctezuma”, localizado en una cota altitudinal inferior; lo cual es importante, dijo, porque el líquido era conducido por fuerza de gravedad. Este receptáculo se sitúa al sur del cerro de Chapultepec, en la esquina que forma la calzada Gandhi y el pasillo de acceso que proviene del Mercado de las Flores.

 

El contenedor llamado “Baños de Moctezuma” es de origen prehispánico y su uso continuó en el virreinato; con su agua se abastecía a las haciendas al sur del cerro de Chapultepec, como La Condesa. Sin embargo, no fue baño privado de Moctezuma. Lo llamaron así a partir de 1900, cuando se conformó la Primera Sección del bosque, debido a que, en 1870, enfrente de esta caja de agua se construyó un conjunto de baños que alcanzó gran fama en el siglo XIX: la Casa Baños de Chapultepec.

 

En este sentido, la historiadora Sonia Angélica Hernández Rodríguez, quien forma parte del equipo de investigación, explicó que hacia 1960 ya era una tradición en la capital del país, la existencia de albercas y baños públicos.

 

“El contexto histórico permite decir que la Casa Baños de Chapultepec surge a partir de que su propietario, José Amor y Escandón, quien tenía concesionada la alberca de los Espinosa (el contenedor llamado “Baños de Moctezuma”), se da cuenta de la popularidad del lugar y decide construirlos. De acuerdo con documentos del Archivo Histórico de la Ciudad de México, el conjunto abrió el 1 de abril de 1870, y se convirtió en un referente de cohesión social, pero 11 años después pasó de ser el sitio de moda a mero recuerdo, su decadencia inició hacia agosto de 1881”.

 

El arqueólogo Eder Arias, quien estuvo al frente de la excavación en el sitio de los baños, realizada dentro del Proyecto Bosque, Cerro y Castillo de Chapultepec, a cargo de la Secretaría de Cultura federal, a través del INAH, detalló que se descubrió parte de la estructura del conjunto. “Las fuentes históricas sumadas a las evidencias arqueológicas, nos mostraron las diferentes conducciones de agua de la caja de Espinosa, dirigidas a los baños de Chapultepec”. Entre los elementos que identificaron están cuatro metros lineales del caño que abastecía el líquido a los diferentes estanques, mediante pequeños canales que servían también de división entre cada uno de los contenedores.

 

Los tres contenedores se localizaron en fila, con orientación norte-sur. Son de 6 metros de largo por 4.5 de ancho, con esquinas redondeadas. El piso está a 90 centímetros, tiene un metro de profundidad y aún pueden verse, en ciertas zonas, fragmentos de losetas de barro de 30 centímetros por lado, de color rojo anaranjado.

 

En dos de las tres estancias se observaron los restos de lo que, al parecer, fue un muro con repellado en una de sus caras, lo que permite inferir que se trata de las escaleras que servían para entrar y salir del lugar.

 

Por último, la arqueóloga López Camacho comentó que la familia Escandón vendió el predio al Ayuntamiento de la ciudad, el cual demolió los baños e integró el terreno al Bosque de Chapultepec, quedando en pie el contenedor prehispánico; para 1910, el área fue remozada con motivo del centenario de la Independencia de México, durante el gobierno de Porfirio Díaz, y fue entonces cuando al contenedor de Espinosa se le comenzó a llamar “Baños de Moctezuma”, dando inicio esa leyenda.