*Las familias enfrentan nuevos desafíos cuando personas de entre 45 y 55 años deben cuidar a sus padres mayores, mientras apoyan a hijas e hijos que aún no se independizan: Ximena Zacarías Salinas.
Ximena Zacarías Salinas, investigadora de la Universidad de Colima, señaló que el ciclo vital de una familia no concluye necesariamente con el llamado “nido vacío” y el reencuentro de la pareja. En la actualidad, esta etapa presenta nuevos retos de cuidado y escenarios distintos de los previstos en los modelos tradicionales.
En entrevista, explicó que existe un empalme entre diferentes etapas de vida: personas que atraviesan la adultez media o se aproximan a la vejez deben atender sus propias necesidades, apoyar a hijas e hijos jóvenes que todavía viven en el hogar y, al mismo tiempo, cuidar de sus padres mayores.
Zacarías Salinas es profesora investigadora de la Facultad de Psicología e integrante del Cuerpo Académico 068 Psicología social: identidad, socialización y cultura. Una parte importante de su trabajo se ha centrado en el estudio de la familia y los procesos de socialización.
La investigadora y terapeuta familiar abordó algunos de los desafíos que enfrentan las familias cuando hijas e hijos de entre 45 y 55 años comienzan a cuidar de sus padres, mientras todavía acompañan a descendientes que no han logrado independizarse.
Explicó que los estudios sobre el ciclo familiar realizados décadas atrás no contemplaban con suficiente claridad esta prolongada coincidencia de responsabilidades. Sin embargo, actualmente es una situación presente, de una u otra manera, en numerosas familias.
“Estamos apenas dimensionando la relevancia de este tema. Lo estamos comprendiendo y sabemos que ha llegado a representar un impacto muy fuerte para las personas de entre 50 y 55 años, porque implica enfrentar varios retos”, comentó.
El primero, dijo, es el autocuidado. En esta etapa pueden presentarse problemas de salud, entre ellos alteraciones asociadas con el síndrome metabólico, en cuya aparición influyen factores genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida. A ello se suma la presencia de hijas e hijos adultos jóvenes que continúan en casa y se encuentran en proceso de independizarse, así como los cambios propios de la adultez media y las posibles dificultades en la relación de pareja.
Zacarías Salinas señaló que algunas personas llegan a consulta con una sensación de desbordamiento por el estrés que les genera responder simultáneamente a las necesidades de sus hijas e hijos y de sus padres mayores. Cada generación, agregó, procura conservar su autonomía e independencia, una aspiración legítima que puede producir tensiones cuando no existen acuerdos familiares.
La situación se complica cuando las familias no cuentan con recursos económicos suficientes para cubrir medicamentos, cuidados especializados derivados de enfermedades crónicas o la contratación de una persona que apoye en las tareas de cuidado.
Ante este escenario, la profesora propuso una intervención de alcance familiar que permita reconocer las necesidades de autonomía de todas las personas involucradas. También consideró necesario ampliar las redes de apoyo mediante la participación de hermanas, hermanos, familiares cercanos y grupos ofrecidos por instituciones y organizaciones civiles.
El cambio en la composición de la población, explicó, ha incrementado el número de personas mayores y ha llevado a distintas instituciones a abrir espacios de atención, convivencia y acompañamiento. Mencionó, entre otros ejemplos, los grupos de personas jubiladas promovidos por el ISSSTE, la Secretaría de Educación y el DIF.
Estos espacios, dijo, impulsan el envejecimiento activo y buscan que las personas mantengan sus vínculos sociales durante las edades avanzadas.
Según la investigadora, algunas experiencias internacionales de intervención intergeneracional han mostrado resultados favorables para el bienestar psicológico y la convivencia entre personas mayores, jóvenes, adolescentes, niñas y niños.
“Podríamos aspirar a trabajar más allá de la familia y considerar la participación de grupos de niñas y niños que acudan a residencias para personas mayores a leerles cuentos, o de adolescentes que reciban mentoría de personas mayores que dedicaron su vida a un oficio”, propuso.
Como ejemplo, señaló que una persona joven interesada en la carpintería podría vincularse con alguien mayor que haya ejercido ese oficio durante años, para favorecer el intercambio de conocimientos y experiencias.
Finalmente, destacó la importancia de incluir a las personas mayores en las acciones de responsabilidad social y fortalecer la capacidad de la comunidad para identificar situaciones de riesgo y canalizar a las personas mayores hacia los servicios de apoyo correspondientes.



