Aprender a mirar

Hace unos días, mientras estaba con uno de mis hijos, me llamó la atención la velocidad con la que pasaba de un video a otro en el celular. En pocos minutos había visto un baile, una supuesta noticia, un consejo, una tendencia que no entendí y hasta una alerta sobre un supuesto sismo que, según el video, está por ocurrir en México.

Hay contenidos que buscan entretener, otros que provocan miedo o indignación y algunos presentan opiniones como si fueran hechos. Hay personas que nuestras hijas e hijos admiran y que, muchas veces, hablan sin ningún sustento.

Una persona en un video puede asegurar que ocurrirá una catástrofe, hablar de salud o presentar un rumor como noticia. Si niñas y niños ven estos contenidos muchas veces y todavía están aprendiendo a distinguir qué es verdadero y qué no, pueden terminar tomándolo como cierto.

PUBLICIDAD

La mayoría de las veces ni siquiera ellas y ellos deciden qué van a ver, el algoritmo aprende qué les llama la atención y les ofrece más de lo mismo, lo que puede hacer que permanezcan más tiempo frente a la pantalla.

UNICEF ha advertido que niñas, niños y adolescentes son especialmente vulnerables a la desinformación porque sus capacidades para evaluar y cuestionar la información todavía están en desarrollo.

Nadie nos entregó un manual para aprender a vivir en este mundo digital y ahora nuestros hijos están creciendo dentro de él, por eso es necesario que empecemos por nosotros mismos y nos preguntemos qué estamos viendo, qué estamos compartiendo y qué estamos creyendo.

Los riesgos no solamente están en la información falsa, hay contenidos que pueden hacer sentir mal a las y los adolescentes con su propio cuerpo y contribuir a problemas como la dismorfia corporal o los trastornos alimenticios. A las niñas y niños más pequeños pueden asustarlos videos alarmistas o encontrarse con contenidos para los que todavía no están preparados.

Comprendo que no podemos protegerlos de todo, todo el tiempo. Lo que sí podemos hacer es fortalecer su confianza en nosotros para que se acerquen y nos digan si algo que vieron los hizo sentir mal, les provocó miedo o simplemente no lo entendieron. Así podemos ayudarles, poco a poco, a cuestionar lo que ven y a no dejarse llevar por todo lo que aparece en una pantalla.

A eso me refiero cuando digo que debemos acompañarlos en el mundo digital.

Estas herramientas son parte de nuestras vidas y seguirán siéndolo, por eso tenemos que aprender a usarlas a nuestro favor y no permitir que terminen afectando nuestra salud, nuestra convivencia o nuestra capacidad de poner atención.

La tecnología también es maravillosa; tenemos una enorme cantidad de conocimiento al alcance de un clic y existen herramientas y plataformas que pueden ayudar a nuestras hijas e hijos a aprender.

Me parece acertado que la presidenta Claudia Sheinbaum haya decidido abrir esta discusión desde la necesidad de que conozcamos qué está pasando y aprendamos a relacionarnos mejor con la tecnología.

Como padres y madres, es nuestra tarea enseñarles a construir un criterio propio para que un algoritmo no decida por ellos qué pensar, qué sentir y a qué prestar atención.

No vamos a poder estar detrás de cada pantalla, ni saber todo lo que van a encontrar cuando entren a internet, pero sí podemos ayudarles a distinguir lo que ven, a cuestionarlo, a decidir por sí mismos y, sobre todo, hacerles saber que no tienen que hacerlo solos.

PUBLICIDAD