¿Cuánto tiempo es demasiado tiempo frente a una pantalla? ¿Qué nos provoca a nosotros como adultos y qué pasa con nuestras hijas e hijos?
Desde que los celulares y las redes sociales dejaron de ser una novedad para convertirse en nuestros acompañantes diarios, poco hemos cuestionado qué efectos puede tener su uso excesivo y qué tan fácil es desarrollar hábitos difíciles de controlar.
De acuerdo con algunos estudios, niñas, niños y adolescentes pueden pasar hasta siete horas al día frente a una pantalla. Más del 83 por ciento de madres y padres manifiesta preocupación por estos hábitos y más del 70 por ciento está de acuerdo con que se regule el uso de las redes sociales. No es difícil entender por qué, ya que una exposición excesiva está asociada con problemas de salud mental.
También deberíamos preguntarnos qué nos está pasando a nosotros.
¿Cuántas veces pedimos a nuestras hijas e hijos que dejen el teléfono mientras seguimos mirando el nuestro? ¿Cuántas comidas se interrumpen por una notificación? Las pantallas nos quitan tiempo de descanso, convivencia, atención y, sin darnos cuenta, nos alejan de quienes tenemos enfrente.
Como padre, es un tema que me preocupa por todo aquello que puede ocurrir mientras están conectados: ¿con quién hablan?, ¿qué contenidos encuentran y quién decide qué aparece en sus pantallas?, ¿qué tan fácil es para una persona desconocida acercarse a ellos?
Además, muchas plataformas están diseñadas para mantener nuestra atención el mayor tiempo posible mediante notificaciones, videos que comienzan automáticamente y ese “scroll” infinito.
Si para un adulto es difícil apartarse de esa dinámica, para una niña, un niño o un adolescente el desafío es aún mayor. Por eso, acompañar a nuestras hijas e hijos también implica mirar nuestros propios hábitos y la forma en que usamos estas herramientas.
Hablar de redes sociales y menores no es una discusión entre quienes están “a favor” o “en contra” de la tecnología. Es una conversación sobre cómo queremos que sea su relación con el mundo digital y qué condiciones necesitamos para que puedan navegarlo de manera más segura.
Esta no es una preocupación exclusiva de México. Australia estableció una edad mínima de 16 años para acceder a determinadas redes sociales y Francia hizo lo propio para menores de 15. Dinamarca y España también avanzan en medidas para reforzar los derechos de la niñez en internet.
Me parece fundamental que la presidenta Claudia Sheinbaum haya abierto esta discusión pública. La protección de niñas, niños y adolescentes en el mundo digital es una responsabilidad compartida.
Madres, padres y docentes tenemos que acompañar, orientar y enseñarles a utilizar estas herramientas. Las empresas deben fortalecer las medidas de seguridad, mejorar la verificación de edad y proteger los datos personales.
Al gobierno le corresponde establecer reglas claras, hacerlas cumplir e impulsar políticas públicas para garantizar que los derechos de niñas, niños y adolescentes estén protegidos en el mundo digital.
Al final, la pregunta no es solamente cuánto tiempo pasan nuestras hijas e hijos frente a una pantalla o qué contenidos encuentran ahí, también tenemos que participar en esta conversación, establecer límites, exigir espacios confiables y preguntarnos cuánta de nuestra propia atención estamos dispuestos a recuperar para ellos.
Acompañar a nuestras niñas, niños y adolescentes en el mundo digital también significa estar presentes en su mundo real.

