Doña Angélica Fernández deja su hogar en Aquila, Michoacán, y emprende un viaje hacia Colima con una sola misión: llevar un plato de comida y un poco de esperanza a quienes atraviesan uno de los momentos más difíciles de su vida.
Desde hace un año y diez meses, esta mujer de enorme corazón ha convertido la solidaridad en su forma de vida. Con el apoyo de amigos, amigas y familiares que realizan donaciones, reúne los recursos necesarios para preparar alimentos que entrega de manera completamente gratuita a pacientes y familiares que permanecen durante horas en el Centro Estatal de Hemodiálisis, el Centro Estatal de Cancerología y el Hospital Regional IMSS-Bienestar.
En cada jornada logra servir comida a alrededor de 350 personas, muchas de ellas provenientes de comunidades alejadas que llegan a Colima para recibir tratamiento médico y que, además de enfrentar la enfermedad, deben lidiar con los gastos de transporte, medicamentos y alimentación.
Para quienes esperan noticias de un ser querido o acompañan largas sesiones de hemodiálisis y tratamientos contra el cáncer, un plato de comida representa mucho más que un alimento: significa un respiro, un gesto de humanidad y la certeza de que no están solos.
La labor de Doña Angélica no cuenta con grandes patrocinadores ni estructuras institucionales. Su fuerza proviene de la voluntad de ayudar y de la generosidad de quienes creen en su causa y aportan para que cada visita a Colima sea posible.
Su historia recuerda que los actos más extraordinarios no siempre hacen ruido. A veces llegan en recipientes con comida caliente, acompañados de una sonrisa y de la convicción de que un pequeño gesto puede cambiar el día, e incluso la vida, de alguien que enfrenta una dura batalla.
