#LaOpiniónAD|  El “Efecto Mora”  de Julio León Trujillo

 

Durante unas semanas, el fútbol desbordó nuestras calles. Fue el pretexto para reunirnos con la familia, convivir con las y los compañeros de trabajo y, por supuesto, para que niñas, niños y jóvenes se emocionaran con los goles, las jugadas y los momentos que solo una Copa del Mundo es capaz de regalar.

 

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Millones pudimos reconocernos en una misma emoción, en un mismo grito, en una misma esperanza.

 

Eso es parte de la magia de un Mundial. Más allá de quién gane o pierda, este evento se convierte en una fiesta, un fenómeno social capaz de generar identidad, fortalecer la convivencia y hacernos soñar más allá de lo que la cotidianeidad nos permite.

 

Un Mundial deja enseñanzas que trascienden la cancha y nos recuerda que las grandes victorias son el resultado de años de preparación, disciplina y perseverancia, una lección especialmente valiosa para quienes hoy se están formando en nuestras aulas.

 

Hay otra parte que siempre me ha parecido profundamente inspiradora, las historias de quienes llegan a esos escenarios, personas que comenzaron lejos de los reflectores y que, gracias a su esfuerzo y determinación, terminan convirtiéndose en ejemplo para millones.

 

Así encontramos a figuras como Vozinha, guardameta de Cabo Verde, cuyo camino estuvo marcado por la tenacidad; a Lamine Yamal, quien creció entre distintas culturas como hijo de una familia de origen migrante; o a Katia Itzel García, quien, con disciplina y años de formación, se convirtió en una histórica representante de México al abrir camino como árbitra en una Copa Mundial masculina.

 

Sin embargo, hay una historia sobre la que quiero detenerme: la de Gilberto Mora.

 

A sus 17 años, se convirtió en el mexicano más joven en disputar un Mundial y en el jugador más joven en representar a un país anfitrión en esta competencia. Su talento y disciplina lo colocaron en un escenario que millones de jóvenes sueñan con alcanzar.

 

Mientras comienzan a abrirse para él las puertas del fútbol internacional, Mora ha decidido continuar con su formación académica. Podría concentrar todos sus esfuerzos únicamente en su carrera deportiva y, sin embargo, ha entendido que la educación también forma parte de su proyecto de vida.

 

Esa decisión, quizá más que cualquier gol, merece ser celebrada.

 

Ojalá esta historia provoque el “Efecto Mora”, que una nueva generación de jóvenes reconozca el valor de continuar con sus estudios y descubra que perseguir una pasión no significa renunciar a la escuela, sino encontrar en la educación una aliada para llegar más lejos.

 

Los sueños necesitan confianza y respaldo, por eso es tan importante seguir fortaleciendo el sistema de becas más grande de México. Una beca no escribe por sí sola la historia de una persona, pero sí puede cambiar las condiciones desde las que esa historia comienza.

 

Tal vez esa sea la lección más perdurable que nos deja este Mundial, que el talento necesita oportunidades, que los sueños requieren preparación y que la educación sigue siendo la mejor cancha para construir el futuro.

 

Si la emoción que hoy despierta el fútbol logra inspirar a una niña o a un niño a permanecer en la escuela y perseguir sus sueños, entonces habrá dejado una victoria que ningún marcador podrá superar. Esa es también la apuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum al fortalecer la educación pública, que ningún talento se quede sin oportunidades y que cada sueño encuentre las condiciones para convertirse en realidad.

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