Carta para Ricardo O’farril

Fotografía FB: Heklo Hdk

 

Uno puede visitar un lugar…
pero conocerlo es otra cosa.
Hace unos días, en un podcast, dijiste que Colima era fea. No lo dijiste desde un escenario ni desde la ficción: lo dijiste desde la conversación cotidiana, desde la opinión que se presenta como experiencia vivida. Y por eso mismo vale la pena responder.
Sí, estuviste en Colima.
Sí, la caminaste un poco.
Pero conocer una ciudad no es solo pasar por ella, dormir una noche o contar una anécdota.
Colima no es perfecta. Ninguna ciudad lo es.
Pero Colima no es horrible.
Colima es pequeña, y precisamente por eso es cercana. Aquí los nombres se repiten porque las historias se cruzan. Aquí la gente todavía se saluda en la calle, todavía pregunta “¿cómo estás?” esperando una respuesta honesta. Aquí el tiempo no empuja: acompaña.
Colima es calor que cansa, sí, pero también enseña paciencia.
Es calles tranquilas que no presumen, pero sostienen.
Es una ciudad que no necesita gritar para existir, ni exagerarse para tener identidad.
Tal vez tuviste una mala experiencia.
Tal vez viste solo una parte.
Tal vez llegaste con prisa, o miraste con los prejuicios con los que solemos mirar a las ciudades pequeñas.
Pero Colima es más que una impresión rápida.
Es gente que trabaja sin reflectores.
Es familias que sostienen la vida diaria con esfuerzo silencioso.
Es jóvenes que sueñan grande aun cuando nacieron en un lugar que muchos subestiman.
Es una ciudad que no aspira a ser otra, porque aprendió a ser suficiente.
Colima no es un chiste para conversación ligera.
Colima es hogar.
Y un hogar se puede criticar, se puede cuestionar, incluso se puede no entender…
pero no se reduce a un adjetivo sin mirar más hondo.
Si tu comentario fue ligereza, aquí hay contexto.
Si fue una conclusión apresurada, aquí hay matices.
Y si fue solo una opinión, aquí hay una ciudad entera que también tiene derecho a opinar de vuelta.
No escribimos desde el enojo.
Escribimos desde el orgullo.
Porque una ciudad no se mide por su fama, su tamaño o su utilidad para un chiste, sino por la dignidad de quienes la habitan.
Colima seguirá aquí, con o sin micrófonos.
Y nosotros, los colimenses, también.
Atentamente,
Colima
—la que no grita, pero permanece.
Fotografía: Heklo Hdk